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Las oportunidades para caer en las trampas del pecado abundan en nuestra sociedad. Vivimos en un mundo lleno de atracciones que aguardan para hacernos caer y que tratan de alcanzarnos desde la red informática, las películas, la televisión y en todas partes en un esfuerzo para asirse de nosotros. Muchas personas buenas, incluso cristianas, son sorprendidas en estas trampas, y una sola decisión errónea puede iniciar un proceso que resulta en vidas destruidas. Nadie es inmune. Muchos que han juzgado a otros con dureza por sus pecados terminan por sucumbir en otros similares, y en ocasiones aún más dolorosos. ¿Qué puede hacer usted para asegurarse de no caer en las trampas del enemigo?
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